| Desde la antigüedad, esta danza ha sido una herramienta sagrada para conectar lo divino con lo terrenal. La necesidad de todo ser humano de buscar una unidad, un equilibrio entre ambos aspectos, se refleja en la búsqueda personal y espiritual que iniciamos al experimentar los distintos desafíos que la danza del vientre nos propone. Superar dichos desafíos nos reportará beneficios a todo nivel.
En lo que respecta a lo físico, podremos corregir las malas posturas, reafirmar la musculatura abdominal y las piernas; desbloquear zonas de nuestro cuerpo que percibimos, justamente, como un “bloque”. Conociendo a fondo nuestro cuerpo, seremos capaces de concentrar las energías en un punto en particular del mismo según lo que requiera la propia interpretación individual, ya que seremos conscientes de su fluir.
A través de su ejecución seremos capaces de liberar las tensiones cotidianas y también aquellas tensiones profundas de las que tal vez no seamos concientes, porque la danza árabe es alegría y bienestar.
Nos conectaremos con nuestra esencia femenina: la práctica de esta danza dulcifica la mirada y el movimiento de las manos, suaviza el carácter y nos ayuda a abrirnos al mundo para compartir la alegría de bailar, y el disfrute de nuestra condición de mujeres, hermanas y al mismo tiempo, cada una de nosotras única e irrepetible. Así reforzaremos nuestra autoestima tanto a nivel genérico como individual.
La danza árabe, un camino que te lleva hacia vos misma, una herramienta que te ayuda a sentirte bien con tu cuerpo y feliz de ser mujer.
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